Segunda jornada de Mi Camino del Cid. El pronóstico del tiempo anuncia calor , con temperaturas cercanas a los 34º al mediodía, así que lo mejor es madrugar parar hacer el máximo de kilómetros , antes de que apriete "Lorenzo".
La noche en la tienda de campaña, perfecta. Recojo todo y a las 07:15 ya estoy pedaleando.
Hoy coincide una etapa de la Vuelta Ciclista a Burgos , con salida en Covarrubias , pero como madrugo tanto , por aquí no se ve a nadie todavía.
Una mirada atrás para despedirme de Covarrubias. Los primeros kilómetros son de subida , con una pendiente media que pone las piernas a tono.
Corono un alto que va a ser puntuable en la Vuelta a Burgos , porque está señalizado en el suelo.
El paisaje ameniza el recorrido, con espectaculares desfiladeros y pedalear en solitario , sin tráfico es una sensación increíble.
A partir del kilómetro diez, la carretera desciende en dirección al Monasterio de Santo Domingo de Silos.
Saludo a algún ciclista que me cuenta que va a Covarrubias a ver el inicio de la etapa : unos van o otros ya venimos!!!.
Santo Domingo de Silos, monasterio que tiene una interesante visita. Yo ya lo conozco y además a la hora que llego , todavía no esta abierto , así que aprovecho para sentarme en una terraza de la plaza del pueblo y desayunar para coger energía: café con leche y pan tostado con aceite y tomate.
La rutina de los desayunos en mis viajes cicloturistas suele ser siempre la misma y a mí , me funciona de maravilla.
Cuando empiezo la jornada , los bares suelen estar cerrados y no me gusta entretenerme en prepararme algo , porque tendría que comprar leche y café y llevarlo de viaje y con el calor , la leche se puede estropear.
Así que suelo llevar alguna galleta por si me da hambre o no encuentro algún sitio para desayunar , cuando llevo un par de horas pedaleando.
Como llevo la guía y los track , voy planificando algún pueblo donde , una vez pasadas las 9:00 , es fácil que ya estén los bares en funcionamiento.
Al hilo del tema desayuno , aprovecho para contaros lo que me encuentro cuando voy a Francia.
Muchas veces los bares de los pueblos pequeños solo sirven café , pero en Francia , puedes comprar en una pastelería , que en todos los pueblos hay una , la bollería y los hosteleros no te ponen ninguna pega en que tomes su café , con la bollería de la panadería.
Es más, aunque el bar sirva desayunos completos , si prefieres los dulces de las "boulangeries" , no te ponen ninguna pega.
La primera vez que me paso , aluciné.
Salgo de Silos y enseguida alcanzo el espectacular Desfiladero de la Yecla, que está acondicionado con unas escaleras metálicas , para poder dar un paseo , al pie del río , junto a las paredes , por donde va encajonado.
La guía bici:map me marca que tengo por delante unos kilómetros con duras rampas y los track del Consorcio Camino del Cid, me proponen la alternativa de dirigirme a Caleruega , pasando por Espinosa de Cervera, donde aprovecho a sellar el salvoconducto.
Tomo esta opción y acierto. La carretera , sin trafico y sin ninguna exigencia me rebaja la dureza del tramo si hubiese optado por el otro camino: con la bici cargada con las cuatro alforjas y la tienda de campaña es importante ir seleccionando el recorrido, siempre contrastando que no te pierdes nada de interés.
Segundo motivo por el que acierto con este recorrido , pasar por Caleruega, que me recibe con este bonito hito que hacer referencia al Cid.
Sello y chapa en Turismo y charlo un rato con el personal de la oficina.
A la salida del pueblo te espera el propio Rodrigo Díaz de Vivar, para indicarte por donde seguir.
Siguiente pueblo en mi recorrido , donde quiero parar y seguramente comer , Peñaranda de Duero: el nombre ya indica que tiene que ser una bonita localidad.
Entre Caleruega y Peñaranda de Duero, 18 kilómetros por carretera , ya mucho más llana que los tramos recorridos hasta este punto.
Precioso tramo en solitario , entre pinos: lo repito mucho , pero viajar en bici, con esta soledad y este paisaje , lo único que puede hacerle a uno , es aportar cosas positivas: toca saborearlo!!!!
Llego a Peñaranda de Duero y entro a la localidad por un antiguo arco de piedra que me hace sentir que he conquistado a sus habitantes.
Me paro en un hotel rural , donde me sellan el salvoconducto y me dan la correspondiente chapa, además de indicarme donde puedo parar a comer.
El pueblo es espectacular , con su castillo en lo alto de la colina y su preciosa plaza , con casas medievales y unos soportales que actualmente se aprovechan como restaurantes.
Siguiendo las recomendaciones , pido mesa en La Posada Ducal y me sirven un calamar a la brasa y un plato de ensalada de tomates negros, espectaculares.
Igual que antes os he comentado mi rutina para los desayunos , para las comidas también tengo mi forma de organizarme en mis viajes.
Ya sea en el pueblo donde termino la jornada o en otro en ruta , dependiendo de la hora a la que acabo, las comidas si las suelo hacer buscando algún bar o restaurante, aunque no suelo pedir un menú completo, sino justo para reponer fuerzas y no entretenerme en demasía.
Sacar el hornillo y poner a cocinar lo dejo para las noches , ya con la tienda de campaña montada e instalado en la misma.
Como todo, es la rutina habitual , pero siempre abierto a lo que voy encontrando en cada etapa.
Ultimo repaso a los track del Camino del Cid y por delante los últimos 20 kilómetros.
Carretera bastante llana hasta Langa de Duero, ya en tierras sorianas. La idea inicial era llegar hasta el pueblo de Castillejo de Robledo, por su relación histórica con el Camino del Cid, pero un paisano me indica que son 12 kilómetros bastante exigentes y además me tengo que desviar de mi destino para pasar la noche. Finalmente decido dejarlo para otra ocasión , que pase por aquí cerca: siempre hay que dejar de visitar algo en los viajes ,para tener una buena excusa para volver.
Últimos siete kilómetros y a las 16:00 llego a Valdanzo.
Valdanzo es una pequeña localidad soriana que me había anotado para pernoctar, siguiendo las indicaciones de la página web: www.caminodelcid.org , donde señalan que dispone de punto de acogida. Los puntos de acogida son sitios habilitados , dentro del Camino del Cid, para poder pasar una noche, si no encuentras otro tipo de alojamiento.
Tienen la característica de ser muy sencillos y normalmente son gratuitos y tenía la curiosidad de probar uno.
En el caso concreto de Valdanzo, tras llamarles el día anterior , me comentaron que ofrecen dos opciones: acampar en una zona habilitado con mesas y fuente o en un salón del ayuntamiento.
En mi caso, como llevo la tienda de campaña y además es verano, me decido por el parque.
Sencillo , pero con todo lo que necesito: sombra para la tienda, fuente para reponer los botellines y un pequeño río , con el agua helada, donde aprovecho para darme un chapuzón y el merecido baño.
Una vez instalado, hecha la colada del maillot , toca visitar el único bar-tienda del pueblo , donde aprovecho a comprar la cena y a tomarme un refresco , mientras disfruto de un partido de frontenis que está disputando la juventud del pueblo.
Charlo un rato con los dueños del establecimiento, ya que además , son las personas con las que hablé el día anterior , avisándoles de mi llegada.
La gente me mira extrañada: se nota que por estos lares no pasan muchos "caballeros" siguiendo al Cid.
Tras explicarles el motivo de mi viaje y donde estoy alojado, me despido y me acerco a mi parque a prepararme la cena.
Este es un momento especial en cada jornada: ya relajado y sin ninguna prisa, toca disfrutar , preparando el menú.
Hoy, salchichas , ensalada una tortilla de jamón york, con los dos huevos que me ha regalado la tendera.
Cuando viajo solo, con los huevos hay un dilema: lo mínimo que te suelen vender son seis huevos, mucha cantidad para una única ingesta.
Pero ya se me han dado varias ocasiones en las que lo he resuelto y es muy reconfortante poder hacerse un par de huevos fritos o tomarse una tortilla: uno valora más las pequeñas cosas cuando cuesta conseguirlas.
En esta ocasión , al pedirle huevos y tras comentarle a la tendera que seis eran muchos , me ha regalado dos y además de sus propias gallinas.
En algún otro viaje también me han vendido huevos por unidad y en algún otro caso he utilizado el plan "B": si solo me venden seis huevos, he preparado para cenar dos huevos fritos y con los otros cuatro me he preparado dos bocadillos, que me llevo en las alforjas , para el día siguiente. Pararse donde uno le apetece, en plena jornada ciclista y sacar un bocadillo , es un lujo , además de ahorrarte ese día el restaurante del mediodía.
Se acerca la noche , pero todavía me da tiempo a tirar la basura y acercarme de nuevo al bar a tomarme un café con unas pastas caseras que les he comprado. Al inicio de este capítulo os comentaba mi rutina de llevar unas pastas para desayunar, por sino tardaba en encontrar algo abierto; estas que he comprado hoy son las que me acompañaran mañana. Si vais a la foto de la cena en la mesa las podéis ver.
Otra gran jornada y sin incidentes.
Solo me queda dejaros los enlaces de "Wikiloc" de mi Camino del Cid completo y de la etapa de hoy, para los que no solo quieran leer mis ocurrencias y quieran ver la parte más técnica del viaje.



















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